La historia que un día empezó

Siento que necesito contar esto al mundo,
siento que el mundo no es mío, sino tuyo.
Siento que el viento me susurra al oído,
mas siento que el susurro era para mí, desconocido.

Días tardé en comprender la situación,
delicado parecía y provocaba conmoción.
Pero al llegar a las profundidades de tu enorme corazón,
demasiado había ya perdido, tu tenías la razón.

Brillantes bucles acompasaban a tus ojos,
bucles hombríos, largos y hermosos
cuyo color discernía del mundo,
negro azabache intenso y profundo.

Tu tez clara y expresiva,
es firme, suave y me cautiva.
Tus ojos me transmiten mucho más que simpatía,
tus ojos me contaron todo lo que me querías.

Cuantas noches pasé sin tenerte a mi lado,
noches enteras pasaré pensando en porqué no te hice caso.
Este mundo en el que vivo y al que ahora te he invitado,
nos servirá de refugio y de lugar siempre soñado

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